Volcanes, vulcanología, tsunamis y terremotos
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Tempestad de fuego sobre los marineros en el "Berbice"

El 26 de agosto comenzó la tragedia. A las 13.06 una serie de atronadoras explosiones- como producidas por millones de timbales- alarmaron a los habitantes de Biutenzorg, una aldea situada a 96 Kilómetros de Krakatoa. El médico frances De La Oroix y el ingeniero de caminos holandés R. D. M. Verbeek- que luego escribiría el libro base para conocer lo sucedido- lo relataron así: "El fragor fue haciéndose más intenso. Violentas explosiones interrumpían cada vez más el sordo rugido del volcán. El cielo aparecía cubierto por una cortina opaca. En el mar ya no había ningún navío. Al caer la tarde, el aire se estremeció con pavorosas detonaciones y la gente, presa del pánico y viendo que era algo más que una tempestad, empezó a rogar a Dios". El viento continuó siendo tan pavoroso, que nadie pudo dormir en un radio de 2.000 kilómetros. El cielo cambió de color en ciudades como Roma, París o Nueva York.

A las 23.32, el reloj del observatorio de Batavia dejó de funcionar. Entretanto, el mercante "Bervice" navegaba frente a Sumatra. Amanecía el domingo 27 y el cielo era negro. El capitán ordenó cerrar las bolinas de las velas. De pronto, a las cinco y media de la mañana, un terrible trueno hizo temblar todo el buque, sobre el que cayó una auténtica tempestad de fuego, que lo convirtió en una paveza en llamas.


Como 7.000 bombas atómicas de Hiroshima

La enorme presión provocada por la bolsa de lava hirviente de casi kilómetro y medio de profundidad- que pugnaba por salir a través de los cráteres- consiguió salir al aire con una impresionante fuerza. El agua del mar penetró por el nuevo boquete y, al tomar contacto con la lava, se convirtió en vapor con lo que la presión aumentó y grandes bloques de granito y obsidiana salieron disparados hasta más de 20.000 metros de altura. Pero esta explosión fue insignificante comparada con la segunda. En la titánica lucha entre el mar y la lava por entrar o salir, una parte de la isla saltó en pedazos por la presión del vapor. En ese instante, una inmensa avalancha de agua se precipitó al centro volcánico de la isla, provocando una explosión de tal magnitud que hoy se calcula que la energía que liberó fue equivalente a la producida por el estallido conjunto de 7.000 bombas atómicas de Hiroshima. Krakatoa, en sus tres cuartas partes fue arrancada de cuajo. Una superficie como casi toda Manhattan desapareció. Otros testigos lejanos, los tripulantes del buque británico "Charles Bal", se taparon los oídos mientras asistían a un espectáculo inenarrable: la isla volaba en el horizonte con el aspecto de un "pino brillantemente iluminado". La detonación, que para la Enciclopedia Británica fue el "mayor ruido de la historia", se escuchó en el centro de Australia a unos 5.000 kilómetros. A no pocos indígenas de Java y Sumatra les estallaron los tímpanos por la explosión.


Un buque de guerra en plena jungla

Al saltar por los aires casi toda la isla se originó una descomunal ola de unos 40 metros de altura que arrasó todo lo que encontró a su paso en un área de 80.000 km². Según relata Charles Albert, el capitán del "Geverneur General Landon", creyó haberse vuelto loco: "no encontraba la ciudad". Ya en la costa vio un crucero con la quilla levantada, un poco más lejos, entre los troncos de los cocoteros, el casco del vapor "Barrow". La tromba de agua los levanto y revolcó como si fueran de papel. El buque de guerra alemán "Berout", anclado en Sumatra, acabó en medio de la jungla, a 4 kilómetros de la costa.


295 ciudades destruidas y 36.000 personas muertas

Después de destruir 295 ciudades y haber causado la muerte a más de 36.000 personas, la marejada decreció, aunque la gigantesca ola tuvo aún fuerzas para continuar su viaje por el Océano Índico, doblar el Cabo de Buena Esperanza y llegar hasta Francia. No se cree que sea un invento de la época en la que no había la facilidad de comunicaciones de hoy en día, para que una catástrofe como ésta pudiese alucinar a las pocas horas la imaginación de los habitantes de otros continentes. Lo que éstos vieron, sólo mucho tiempo después, pudo relacionarse con lo que había sucedido en al otro lado de la Tierra. A las 9:29 horas del 28 de agosto, los instrumentos de medición de mareas de Rocherfort, costa atlántica francesa, detectaron una perturbación en forma de ola que avanzaba a una velocidad de 200 metros por segundo, y mató a muchas personas.



Creado o editado el 06/01/2011